Pablo y Silas estaban en la cárcel. En la noche, oraban y cantaban alabanzas a Dios.
26 De repente se produjo un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel fueron sacudidos; al instante se abrieron todas las puertas y las cadenas de todos se soltaron.
27 Al despertar el carcelero y ver abiertas todas las puertas de la cárcel, sacó su espada y se iba a matar, creyendo que los prisioneros se habían escapado.
Reflexiona:
Pablo y Silas sabían que Dios escucha las oraciones y puede ayudar. Mientras cantaban y oraban, confiaban en que Dios haría lo mejor. ¡Dios decidió enviar un terremoto!
¿Necesitas la ayuda de Dios para resolver un problema? Probablemente Dios no te ayude con un terremoto. Pero aun así puedes confiar en que Él cuida de ti (Salmo 9:11). Él sabe mejor que nadie cómo resolver tus problemas.
Puedes orar así:
Amado Dios, sé que tú tienes la respuesta a mis problemas. Confío en que tú harás lo mejor para mí.
En el nombre de Jesús. Amén.