Pilato quería liberar a Jesús, pero el pueblo prefirió a un criminal.
12 Y Pilato, tomando de nuevo la palabra, les decía: ¿Qué haré, entonces, con el que llamáis el Rey de los judíos?
13 Ellos le respondieron a gritos: ¡Crucifícale!
14 Y Pilato les decía: ¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho? Y ellos gritaban aún más: ¡Crucifícale!
15 Pilato, queriendo complacer a la multitud, les soltó a Barrabás; y después de hacer azotar a Jesús, le entregó para que fuera crucificado.
Reflexiona:
¿Fue justo lo que le sucedió a Jesús? No se merecía que lo arrestaran. No se merecía que lo llevaran ante un tribunal. No se merecía que lo condenaran a morir en la cruz. Y, sin embargo, todo eso formaba parte del plan de Dios. Él permitió que sucediera para que tú pudieras recibir el perdón de tus pecados.
El plan de Dios no siempre es fácil, pero siempre es bueno. Puedes confiar en Él.
Puedes orar así:
Amado Dios, gracias porque tu plan siempre es el correcto. Aunque haya cosas que no entienda, puedo confiar en ti.
En el nombre de Jesús. Amén.