El consejo de una niña

Pocas palabras - gran efecto

¿Te gustaría poder ayudar a otros?
A veces pocas palabras pueden hacer una gran diferencia.
La Biblia nos cuenta una historia emocionante sobre eso.
Una niña de Israel fue llevada a un país extranjero. Ahora tenía que trabajar como esclava para su amo Naamán.
La niña se enteró de que Naamán estaba enfermo. Él tenía la lepra, una enfermedad grave de la piel.
La niña dijo a la mujer de Naamán: "Si Naamán fuera al profeta que vive en Samaria, entonces este le podría sanar".
¡Fue una frase sencilla, pero tuvo un gran efecto!
¡Estar sano! Esto era el mayor deseo de Naamán. No tardó mucho y comenzó su viaje. En su equipaje llevaba una carta de su rey para el rey de Israel. Algunos de sus sirvientes le acompañaron en el viaje.
Naamán viajó hasta Israel y fue a ver al rey para darle la carta. Este leyó: "Con esta carta te hago saber que te estoy enviando mi siervo Naamán para que lo sanes de la lepra".
Afortunadamente, el profeta Eliseo se enteró y envió a decir al rey de Israel: "¡Envíame al hombre!".
Y vino Naamán con sus caballos y con su carro, y se paró a las puertas de la casa de Eliseo.
Y lo que pasó a continuación, le hizo enfadar muchísimo.
Eliseo le envió un mensajero, diciendo: "¡Ve y métete siete veces en el río Jordán, y te sanarás de la lepra!".
"¡Bañarme en el río Jordán para sanarme! Esto es increible. ¡Los ríos en mi país son mucho mejores que los de aquí!".
Muy enfadado, Naamán quería volverse a su país rápidamente.
Pero sus acompañantes dijeron: "Si el profeta te hubiera pedido hacer alguna cosa difícil, entonces la habrías hecho...".
"Pero él ahora te pone el reto de hacer algo muy sencillo. ¿Por qué no lo intentas al menos?".
Los acompañantes convencieron a Naamán y fue al río Jordán.
Se metió en el agua la primera vez… no pasó nada, la segunda vez… tampoco pasó nada, la tercera vez, la cuarta vez, la quinta vez, la sexta vez y… por última vez…
Cuando salió del agua por séptima vez, ¡estaba sano!
Naamán estaba contentísimo. Volvió a Eliseo y le dijo:
"Ahora sé que no hay Dios en todo el mundo, excepto en Israel".
A partir de ese momento, Naamán solo quería adorar y servir al Dios verdadero.
Gracias a que la niña habló acerca del profeta Eliseo, Naamán fue sanado de su enfermedad.
Pero no pasó solo eso, además, Naamán conoció al único Dios verdadero y empezó a servirle.
¿Conoces al único Dios verdadero? Si le conoces, háblales a otros sobre Él. Dios puede hacer grandes cosas a través de tus palabras.
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