“Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna”.
Zacarías 9:9
El profeta Zacarías escribió lo que Dios le había mostrado con anticipación. Unos 500 años más tarde, se cumplió tal y como lo había predicho.
Nací en un establo, en un pequeño pueblo cerca de Jerusalén. Durante el día, nuestros dueños nos ataban a mi madre y a mí afuera, junto a la puerta. Allí permanecíamos bajo el cálido sol, observando nuestro entorno.

Un día ocurrió algo emocionante. Dos hombres vinieron y me desataron. Mis dueños preguntaron sorprendidos: "¿Por qué desatáis al potro?". Cuando los hombres respondieron: "¡El señor lo necesita!", lo permitieron. Los dos hombres me llevaron con ellos.
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